Versos y prosa desde Gaza


[Isabel Pérez |Gaza, 4 de agosto de 2014] Versos y prosa desde Gaza.

La guerra de los subterfugios

Con el primer subterfugio bombardearon nuestros huertos y campos.
Con el segundo asesinaron a nuestros hermanos combatientes y, con ellos, a sus madres.
Con el tercero mataron a nuestros niños y niñas mientras jugaban o dormían.
Con el cuarto subterfugio destrozaron nuestras casas, muchas vacías. Luego las mezquitas, los cementerios cristianos y las bibliotecas religiosas.

Con el quinto, lanzaron obuses contra nuestros colegios, los azules, los de las organizaciones de Naciones Unidas que siguen manteniendo viva la estúpida resolución pacífica de este conflicto. Pero con el sexto los obuses cayeron sobre gente que había perdido sus hogares y estaban refugiados en esos colegios. Dejaron los recreos llenos de carne y sangre humana.

El séptimo subterfugio llegó, y con él, el bombardeo de casas sin previo aviso. Más de 60 familias asesinadas, desaparecidas para llenar las tumbas horizontales de los cementerios de la Franja de Gaza.

Octavo subterfugio, más combatientes, en sus coches, motocicletas… calcinados. Sus cuerpos en la misma postura, sentados pero negruzcos, sus calaveras – si las hay- a punto de caer del cuerpo… Todo esto sin importar que vayan con ancianos, mujeres o niños. No, no importa. Todos son terroristas.

Y, mientras continúan los subterfugios, siguen llegando a los hospitales restos de brazos, piernas, niños de escasos meses o años de vida con el cráneo destrozado, bebés con metralla por todo su delicado cuerpo. Llegan también mujeres con partos desavenidos, con su feto muerto. Llegan ancianos vestidos de blanco que pensaban haber muerto tranquilamente en su cama. Llegan mareas de gente al paso de Rafah con Egipto pidiendo que se abran las puertas para salir del infierno.

Todas las veces que tú has visto una noticia de Gaza desde tu casa yo tenía náuseas por el olor a cuerpos descompuestos, a cerebros esparcidos, a muerte, humedad, calor, pólvora, gases tóxicos… O estaba saltando al suelo por una explosión, corriendo con el coche porque nos alcanzaban los obuses, trabajando 20 horas seguidas para escribir o editar un reportaje sobre los letales subterfugios de Israel.

[Isabel Pérez |Gaza , 4 de agosto de 2014]

Dime, ¿cuándo iremos a Jerusalén?

Hoy no prosperaba el aire y solo las hormigas podían seguir su camino.
En Beit Lahiya las puertas estaban cerradas. Los viandantes gruñían y corrían despacio.
Los amantes se gritaban, y se menospreciaban.

Y yo te preguntaba, impaciente… Dime, ¿cuándo iremos a Jerusalén? Dime, ¿cuándo iremos?

Cuando las alambradas de facto se rompan y la línea sea naturalmente verde… Entonces iremos.
Cuando el hafif* sea continuo, de Gaza a Hebrón. Entonces iremos.
Cuando el “bypass” no exista y se abra el camino a todos por igual. Entonces iremos.
Cuando mi nombre ya no esté escrito en tinta roja. Entonces iremos.

Entonces, ¿nunca iremos?

Si sigues pensando así… No, nunca iremos.

*Hafif:حفيف (en árabe) sonido producido cuando el aire corre entre las espigas de trigo en el campo.

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